Viernes, 16 de diciembre de 2005

Poca gente camina por las calles, está anocheciendo y tan solo una tenue luz anaranjada consigue mantenerse aún en pie.
En un cruce de calles, de asfalto duro y farolas recién pintadas de un gris metálico, una chica rubia que no llega a los veinte años se para en una de las esquinas que forma la cruceta de calles y sin poderlo soportar más se echa a llorar sacando a todo correr un pañuelo para taparse el rostro.
No ve a casi nadie por la calle pero las lágrimas de los ojos hacen que el mundo tenga una visión distinta.
Llora porque su madre está ingresada en el hospital, le acaba de llamar su hermano y le ha comentado la mala noticia. Así que ha salido a todo correr de su casa para llegar a la estación y coger un tren que la lleve a su hogar, al lado de su madre, la misma que hace tres semanas le había regalado una semilla.
Sin decirle qué saldría, diciéndole que lo bello sería verla germinar, no teniendo una visión de lo que sería, sino viendo día a día como crecía y como se convertía en una planta con flor.
Detrás de la chica, al otro extremo de la calle un chico de pelo revuelto se ha parado al ver a la chica llorar. Los gestos de ella, su cabello rubio moviéndose al viento, su pobre cara cuando la ha visto sollozar..., todo eso ha hecho que algo se despertase en su interior, algo que creía olvidado.
Algo que un día llamó amor.
Tres meses y un día, ese es el tiempo que hace que ya no ve a su novia, ese es el tiempo que ha pasado intentando olvidar, intentando volver a ser él.
Una llamada a media noche, pocas explicaciones y un solo adiós, y luego nada, solo sufrimiento.
Pero ahora la ha visto a ella, y lo que había repudiado y prometido no volver a sentir jamás había vuelto, en un instante, en una visión, así que se ha quedado allí plantado, incapaz de moverse e incapaz de saber que hacer.
En un balcón de un quinto piso un hombre de mediana edad fuma un cigarrillo mientras mira el cruce de calles. Acaba de ver a la chica, también al chico que se ha quedado parado a unos metros de ella, y sin quererlo a sabido exactamente lo que pasaba allí.
A su memoria vuelven los recuerdos de juventud, cuando todo era amor y cariño entre los dos, cuando eran novios y nada se interponía entre ellos.
Ahora trabajo, hipotecas, estrés, todo eso y más había acabado por sepultar todos aquellos sentimientos verdaderos.
Habían vuelto a discutir y él como siempre se había refugiado en el balcón, pero ahora parecía que volvía a ser joven, al ver la escena de la calle toda la suciedad que impregnaba los mas sinceros sentimientos parecía haberse limpiado.
Apagó el cigarrillo y decidió entrar a ver a su mujer, a volver a ser jóvenes.
Más tarde, mientras la chica acaba de limpiarse las lágrimas y el chico decide acercarse despacio a ella, una mujer sale de un portal con una sonrisa radiante.
Hacía mucho que su marido no le decía aquellas cosas, ha sido un momento inolvidable de felicidad, y ahora ha decidido bajar al supermercado a por una botella de un buen vino.
Sin querer se tropieza con el chico, cada uno enfrascado en sus pensamientos, y caen al suelo.
La chica rubia se da la vuelta y avanza hacía ellos para ayudarlos a levantarse.
Primero le da la mano a la mujer.
Luego le da la mano al chico de pelo revuelto.
El indigente se levanta de la acera apurando el cartón de vino y sonriendo, hacía mucho que no sonreía, pero ver a los dos jóvenes allí parados mientras la mujer sigue su camino le ha provocado una alegría inmensa.
Y ahora mientras se va, allí siguen, cogidos de la mano.
Por: pablo fernández díaz | Relatos | Comentarios (7) | Referencias (0)
A veces pienso en algo parecido. A muchas (por no decir casi todas) de las personas que son importantes para mí las he conocido en situaciones así parecidas, simplemente coincidiendo en un lugar y en un tiempo. Por pura casualidad. Siempre que pienso en eso, agradezco la suerte que tuve.
Un saludo.
raul | 16-12-2005 00:37:53
A mí me gustaría ser un día la chica de esa historia... En mi vida, las únicas casualidades que pasan son... malas
Eliza | 16-12-2005 17:32:48
que historia tan romantica, me encanto la descripcion de los pensamientos de los personajes, como cada uno ve el amor desde su punto de vista y tratan de tomarlo...
muy bello
SAluditos y buen fin de semana
cintia | 16-12-2005 21:09:01
Muchas veces la casualidad, nos hace creer en la magia del momento y situaciones que parecen totalmente subrealistas nos da lugar a hablar con personas que nos dejan huella en el paso de nuestra vida.
Besos
Gemuina | 18-12-2005 17:56:33
Toda una espiral de felicidad. Me gustaría que el relato fuera infinto.
Te paso la bola de un meme literario, sorry :-)
visita mi blog para más información
Lula Towanda | 18-12-2005 18:44:52
A veces con la casualidad llega lo mejor y más interesante. Interesante como has enlazado los pensamientos de cada uno partiendo de la primera historia. Besos
María | 18-12-2005 23:52:54
¿Es Navidad no? Parece un cuento de esos que ponen en la tele... ojalá todo fuese así de sencillo, ojalá.
Un besote :)
Perlanegra | 19-12-2005 21:56:05
Las opiniones sobre el mundo desde el punto de vista de la sencillez
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